Catamarca

16.7.12

Llegué hace unos días de pasar cuatro días en Catamarca, visitando a mi amiga del alma la Fraguas (lo de LA no es un error, santiagueña es ella... con lo cual el "la" es casi condición obligatoria al llamarla) y mi querida nueva amiga Marce…
Cada vez que voy vuelvo renovada, llena de vida e ideas y agotada porque no paramos un momento!
Cuatro días de ir y venir, de largas charlas hasta entrada la noche, sin horarios para desayunar o almorzar pero por sobre todo cuatro días de reírnos mucho, muchísimo y entre charla y charla compartir nuestro amor por la cocina entre tantas otras cosas.
Fueron también días de mucho frío con un cielo azul que parecía pintado, que me hacía suspirar y el cual no me cansé de alabar.

Conocí Catamarca hace casi dos años en un momento particular de mi vida, y debo confesarles que cada día me enamora más… tiene una magia particular, mezcla de sus bellezas naturales, con años de historia.
Una Virgen a cuyos pies miles de feligreses llegan día a día en busca de esperanzas o en agradecimiento por favores recibidos.
Sus nueces, membrillos y olivos por doquier.
Una tierra árida en una provincia virgen en muchos aspectos.
Los ranchos de adobe aquí y allá y la modernidad de las nuevas construcciones. El caos del tránsito en horas pico y las siestas eternas de calles desiertas.
Empanadas catamarqueñas y nueces confitadas.
Nombres turcos que suenan por doquier.
El frío del invierno, el viento de la primavera y el calor (abrazador para mi!) del verano.
Todo esto y mucho, mucho más (que aún me queda por descubrir) es Catamarca…
Por eso se me ocurrió compartir con vos un poco de esta lindísima provincia, que tiene millones de cosas con las que sorprendernos y maravillarnos...

Me hubiese parado a fotografiar cada cardón que encontramos en el camino mientras íbamos rumbo a La Aguada. De hecho Marce, que iba al volante, tuvo que parar más de una vez para que me sacara las ganas de fotografiarlos. 
Altos, otros bajos, parecían buscar pinchar el cielo o la tierra… Imponentes..



Cuenta la leyenda que había una vez un nativo que, enamorado de la hija de un cacique, la raptó por la negativa del padre de la joven al cariño de los amantes. Perseguidos por las huestes de guerreros corrieron tanto que fueron a dar, en su loca carrera, con el cuerpo punzante de un gigantesco cardón. La sangre de la cabalgadura y jinetes se prendió en las espinas y al amanecer del nuevo día nublado, en cada uno de los brazos del cardón, aparecieron blancas fores que anunciarían por siempre, la proximidad de las lluvias y tiempos de cosecha....


Entre foto y foto, finalmente llegamos a destino 


Ni portero, ni timbres. Desde el primer momento uno empezaba a sentirse como en casa: 


La Aguada es, además del sueño de mi vida, el hotel de montaña de Inés y Hugo, dos anfitriones excepcionales con quienes me hubiese quedado (de haber tenido más tiempo y no estar ellos ocupados recibiendo a sus huéspedes) charlando horas seguramente... y porque no a pasar una noche...
A simple vista uno se dá cuenta de que en La Aguada los huéspedes se sienten como en su casa, y uno puede verlos alcanzando la taza del café hasta la cocina...
Alejado del ruido de la ciudad, es el lugar ideal para descansar, leer ese libro que hacía tiempo no podíamos agarrar, disfrutar de la salamandra o los alrededores... o simplemente contemplar el paisaje a través de la ventana...




No dejes de entrar a La Aguada para conocer más de este lugar encantador y de sus dueños.
Queda mucho por contar... pero quedará para la próxima...
Espero que tengan una buena semana y que como yo disfruten de estos días frios.. que me encantan!!!!



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© ALMA CALMA Maira Gall.