Viajar en tren: Cusco-Puno. Entre la leyenda y el placer

15.6.14



El tren es, para mí, una de las formas más lindas y placenteras de viajar.
Desde que comencé a organizar el tan anhelado viaje al Machu Pichu, había algo que sí o sí había que visitar, el mítico Lago Titicaca a través de la ruta Cusco-Puno en el famoso Andean Explorear comandado en parte por la más famosa aún Orient Express.
Mencionado entre los 25 mejores viajes en tren del mundo y uno de los dos primeros en Sudamérica por la Sociedad Internacional de viajeros en Ferrocarril, fue además elegido por los lectores de The Guardian, The Observer y The Guardian Unlimited como el Segundo Mejor Destino Turístico de larga distancia. Y como si todo esto fuera poco se convirtió en ganador del concurso World Travel Awards 2012-2013 como Mejor tren de lujo de Sudamérica.
O sea… ¿que más podíamos pedir? ¡Las referencias sobraban!

Todo lo que habíamos leído o mirado sobre este viaje resultó poco en comparación con la experiencia de viajar por 10 horas sobre ruedas para unir los 281 km que separan Cusco de Puno a una velocidad promedio de 50 km por hora y alcanzar en un momento los 4.321 m sobre el nivel de mar, para bajar solo unos pocos metros, 3.855 msnm para ser exactos, al llegar a Puno. Casi casi creíamos tocar el cielo con las manos!
Más de uno me preguntó: ¿281 km a 50 km por hora durante 10 horas? Olvídense de este detalle que puede sonar tedioso casi agotador. Después de las 10 horas de viaje solo querrán seguir viajando, ir y volver entre una ciudad y la otra para disfrutar una vez más de una experiencia inolvidable, como nunca pensé que sería todo nuestro viaje por Perú.

Dejamos nuestro hotel en Cusco para ser trasladas, charter privado mediante, a la estación de trenes donde una banda de música en vivo nos recibió.
Enseguida alguien se hizo cargo, como por arte de magia, de nuestro equipaje y, livianas ya, estábamos listas para empezar a disfrutar.

Rodeadas por los más variados idiomas (éramos las únicas de habla hispana a excepción de dos mexicanas) fuimos subiendo al tren para ocupar nuestros asientos. El personal, correcta y elegantemente uniformado, daba la bienvenida a cada vagón.






Con solo un pie en el escalón, fuimos trasladadas al glamour de los años 20, al Orient-Express de Agatha Christie y el Inspector Poirot: vagones de caoba lustrada, pisos alfombrados, cómodos sillones berger con mesas de caoba cada una con su respectivo velador, portaequipajes de bronce, música de fondo. Amenities de L´Occitane.

Minutos después el tren se puso en marcha. La aventura había comenzado… Eran las 8 de la mañana.

La formación solo cuenta con 3 vagones de pasajeros, otro destinado al coche-bar y el último, un vagón abierto que permite increíbles vistas panorámicas. A esto se suman otros tantos vagones destinados exclusivamente al personal.




Pulcros, elegantes y sincronizados hasta en el último detalle, el personal a bordo deleita con su servicio durante todo el viaje, previo cambio de uniforme según la ocasión.
El desayuno es ofrecido a los minutos de comenzar el viaje. En nuestro caso veníamos de un riquísimo y contundente desayuno antes de dejar el hotel.

Huevos revueltos, medialunas, tostadas y unos espumosos café con leche se veían circular por los pasillos.

A media mañana un camarero pasa a tomar nota de la elección del menú para el almuerzo compuesto de entrada, plato principal y postre. Obviamente no falta el vino y el café con petit fours!
Clases de pisco sour y show de música y bailes típicos forman parte de las atracciones del vagón destinado al bar.

Previo al almuerzo todos los pasajeros son sorprendidos por un delicioso pisco sour como appetizer (en este momento del viaje habíamos perdido la cuenta de todos los que ya nos habíamos tomado, a cual más rico!)

Mientras el viaje en tren avanza y los paisajes se suceden a cual más espectacular que otro, la preparación del almuerzo comienza. Manteles labrados y cubiertos de plata empiezan a cubrir las mesas. El aroma al pan recién sacado del horno lo inundaba todo.




En una sincronizidad casi absoluta, todos los ocupantes del vagón recibimos, al mismo tiempo, cada uno de los platos que componen el menú, en una muestra más de perfección y profesionalismo. En nuestro caso, como amantes de la buena mesa y de probar todo lo que tengamos la oportunidad de, elegimos las 2 opciones del menú, para compartir y probar entre todas:





Después del almuerzo llegó el momento de recorrer el tren, hacer sociales, ir hasta el coche bar y al coche mirador…. Contemplar el paisaje, sacar fotos, bajarnos en La Raya donde el tren llega largando bocanadas de un humo gris espeso que de a poco va disipándose en el aire.





En La Raya, única parada en todo el trayecto, lugar obligado para fotos y seguir “haciendo mercado” como en nuestro caso, sucede algo puntual y perfectamente coordinado: es el único lugar de todo el trayecto donde las vías están preparadas para que se crucen los 2 trenes que hacen el trayecto: el que viene desde Cusco y el que va para Cusco.

Al bajar en La Raya uno siento la soledad de la inmensidad del paisaje, altiplano desértico por donde se la mire. Soledad que solo se interrumpe por tantos otros pasajeros que como uno contemplan la majestuosidad del lugar y por los lugareños que se acercan, sabiendo los horarios del tren, para ofrecer sus artesanías y productos.

Los minutos pasan rápido, el tiempo es tirano, pero alcanza para visitar la simple y humilde capilla de adobe del lugar que se alza blanca e inmaculada en el medio de la nada misma.





Pero lo mejor está por venir. O algo que hoy sigo recordando y no deja de sorprenderme.

La ciudad previa a Puno es Juliaca. Con 150.000 habitantes es una ciudad pujante dedicada al comercio y al trueque, a las brujerías y en constante crecimiento. Pero no en el estricto sentido de la palabra de lo que uno entendería por crecimiento.

Te cuento.

De un momento a otro el tren comienza a descender su velocidad, casi diría que uno puede bajarse y caminar a la par sin ningún problema.

Entonces… el show comienza.

Uno pierde la respiración y la capacidad de asombro lo ocupa todo, mientras se delibera entre sacar fotos o retener en la retina lo que estás empezando a ver.

El tren sigue su marcha sobre los rieles, mientras, a cada lado se desarrolla un espectáculo único de trueque y compra-venta de las cosas más insólitas que te puedas imaginar: frutas, verduras, pollos que cuelgan de no se sabe dónde, puestos que solo venden sillas o CD o rulemanes o libros y revistas o repuestos de todo tipo y color o inodoros o lo que se te pueda ocurrir.





Acá todo, absolutamente todo está a la venta. Sobre el piso, improvisado, nuevo, viejo, usado, destartalado en algunos casos o casi para tirar a la basura en otros. Eso no importa. Todo se vende o se canjea por otra cosa.

Lo más insólito es que muchos de los artículos en venta están literalmente en medio de las vías… es decir que el tren pasa por encima de todo aquello que está a la venta. Solo sus propietarios o vendedores se hacen a un lado para dejar pasar al tren y luego volver a su metier: la venta, el regateo.




El tráfico caótico, desordenado y enredado en las calles transversales que cortan las vías, sin barreras obviamente, vuelve a su ritmo una vez el tren pasa.




A todo esto se suman los olores que emanan no se sabe de donde, las personas sentadas a las puertas de sus casas, los niños saludando al pasar, los gualichos y brujerías por doquier…
Uno no puede dejar de creer lo que ve y entender que todo este mercado improvisado, desordenado es símbolo de pujanza y bienestar… Contradicciones de los mundos o de las culturas. O mejor dicho otras realidades, otros conceptos.

Uno queda como absorto, casi sin palabras, recobrando el aliento para volver a su lugar, donde otra sorpresa nos espera.




Las luces de los veladores de las mesas compartidas se encienden y empiezan a reflejarse sobre las ventanas. El sol busca esconderse y la oscuridad empieza a ser la única compañía. El viaje se acercarse a su fin, pero antes y nuevamente en medio de la sincronisidad más absoluta el servicio de té es ofrecido a cada pasajero.

Puntualmente, tras 10 horas de viaje, siendo las 18 hs el tren hace su ingreso en la estación de Puno. El viaje o mejor dicho, la experiencia, llega a su fin.
No quedan dudas que viajar en el Andean Explorer es la manera más lujosa y diferente de viajar entre Cusco y el lago Titicaca.

Mas info: ttp://www.perurail.com/es/train_description.php?id=1

Trip Advisor: http://www.tripadvisor.com.ar/Attraction_Review-g294314-d1095891-Reviews-Andean_Explorer_Train-Cusco_Cusco_Region.html



Nota: esta entrada va dedicada a mis compañeras de viaje, que hicieron de este una experiencia inolvidable: mi madre, mi amiga Cristina y su madre, La Luky y a mi amiga Marcela.
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