Elena - Four Seasons BsAs

16.7.14


Desde que fuimos a Pony Line (el nuevo bar del Four Seasons que abrió sus puertas tras la remodelación del Hotel) y “pispiamos” Elena su restaurante, sabíamos que en algún momento teníamos que visitarlo.
Finalmente hicimos reserva, llegó el día y salimos (en ese orden) paragua en mano, porque la noche no acompañaba. 
¡Al mal tiempo buena cara! Estábamos felices de saber lo que nos esperaba: ese mundo de hotel 5 estrellas en el que tantos años viví y que, debo confesar, a veces extraño como queriendo volver.

Un bellboy alto y elegante nos abrió la puerta del taxi, paragua abierto, para protegernos de la llovizna que caía copiosa sobre la ciudad.
Tras algunos saludos, siempre en estos lugares suelo encontrarme con un ex colega de trabajo, pusimos pie en Elena, donde con solo anunciarnos fuimos escoltados hacia nuestra mesa mientras intentábamos adivinar cual nos tocaría: ¿la cuadrada con los sillones de cuero capitoné que me encantan? ¿O los box a media luz con sus lámparas setentonas?
Ni que hubiesen adivinado nuestro gusto fuimos ubicados en la primera opción con una espectacular vista panorámica del salón, la cocina y la cúpula que corona el lugar, esta última vestigio de vidas pasadas cuando en ese mismo lugar funcionaba el antiguo y tradicional lobby bar del Hotel.
Ya ubicados estábamos listos para la acción!





Elena no es un restaurante más… tampoco es otro restaurante de Hotel, es para mí “EL” restaurante de hotel que no parece restaurante de Hotel y que rompió con todos los esquemas, al menos locales.
Acá no hay convencionalismos ni mozos almidonados en uniformes más almidonados aún. 
Nada de peinados prolijos casi casi que terminados con spray o gomina según se trate de la dama o el caballero. 
“Cuanto más canchero y onda tengas serás elegido” debe haber sido, en mi humilde opinión, el lema en la selección del personal. 
Por momentos tenía la sensación de que con el camarero éramos viejos conocidos y nosotros (ojala pudiésemos) clientes frecuentes del restaurante.  

Enseguida el sommelier entró en escena. Brasileño él según nos contó pero con un español perfecto, es más perfecto aún en sus recomendaciones y la charla amena e interesante sobre vinos y espumosos.
Un despliegue de mozos, silenciosos y atentos se hizo cargo del servicio y de responder a todas nuestras consultas y pedidos de recomendación.

¿El ambiente? Un tema aparte: la cocina, impoluta como pocas, abierta al gran salón. No hay olores, no hay desorden, todo funciona en el más absoluto silencio y coordinación como si de un laboratorio se tratara.


Estanterías abiertas guardan la vajilla y una heladera vidriada mantiene en la temperatura ideal a la vedette del restaurante: la carne dry age que con un proceso de estacionamiento de 30 días o más llega tierna y jugosa a la mesa del comensal previo paso por la parrilla.



La luz es tenue entre romántica y no. 
Un ambiente entre décontracté y no… música de fondo, conversaciones aquí y allá, sonrisas, platos que van y vienen. 
En síntesis:  onda, mucha onda por todos lados! Y la perfección, estudiada, esa que acompaña pero no invade.

Leí por ahí que Elena cumple con dos características salientes. 
Primero: todo fue hecho a medida. 
Segundo: todo (salvo la rotiserie traída de Francia) es de industria nacional. Vaya como ejemplo el aceite de oliva, elaborado especialmente por Catena Zapata, o los tés creados para Elena por la marca Ivy. La cubertería (desde la azucarera, hasta los cuchillos para la carne, pasando por los individuales y los platos) llevan la firma de Ají Diseño y son de uso exclusivo de Elena por dos años. Nada de lo que veas aquí lo verás en otro lugar. Ni siquiera el agua mineral: la marca Palau volvió a fabricar sus viejas botellas de vidrio verde exclusivamente para el Four Seasons.

El menú: una carta simple, pulcra, donde queríamos comer todo lo que veíamos pasar a nuestro alrededor.


Mientras decidíamos que comer riquísimo pan tibio y crocante por fuera llegó a nuestra mesa acompañado por una, aunque no por simple, riquísima manteca a la sal.
Finalmente nuestra opción:
Mariscada para compartir como reza el menú (pulpo, calamares, corvina, langostinos y trucha) que llegó como la hubiésemos servido en casa, en una olla al centro de la mesa y desde la cual dijimos: en sus marcas, listos, ya!!! Y no paramos hasta terminar…
Como guarnición un untuoso soufflé de queso trufado.
Todo acompañado por un burbujeante Cruzat Extra Brut, Método Tradicional



Llegué a leer la carta de postres. Simples. Discretos. Sin eufemismos. Para finalmente sincerarme conmigo misma y aceptar la derrota ante mi alma golosa. Ya no había más espacio.
Tendremos que volver. La próxima vez el programa será apostar por las entradas y un buen postre. De esos por los que simplemente soy capaz de dejar de comer.

Con el corazón contento volvimos caminando a casa, como queriendo que la noche no termine, bajo una bruma londinense que escondía una luna llena tan grande como nuestra cara de felicidad.

Ah! Me olvidaba: el nombre Elena se eligió en honor a Elena Peña Unzué, la novia que recibió La Mansión (edificio con el que se conoce al palacete pegado al hotel y que alberga las habitaciones más lujosas del lugar) como regalo de su esposo. ¡Que suerte la suya! 


Elena
Four Seasons Hotel
Posadas 1086
Tel: 4321-2100



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2 comentarios:

  1. Elena está hace rato en nuestra lista de pendientes.... Tu relato sólo ha reforzado nuestras ganas de conocerlo!

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    1. Espero que lo puedan disfrutar tanto como nosotros!!! Solo recuerden reservar con tiempo!

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Me encantaría poder leer tus comentarios.....

© ALMA CALMA Maira Gall.