Angel Food Cake

22.10.14


Moría por esta torta cuando era chica... rellena en esa época con crema chantilly y mucho dulce de leche, no duraba más de un día.

Durante las largas tardes de verano y en el silencio casi eterno de la hora de la siesta, cuando ya los grandes se habían acostado iniciábamos una búsqueda del tesoro, donde el tesoro tenía nombre y de torta: Angel Food Cake.
No parábamos hasta descubrir el escondite. Creo que aún se vienen a mi memoria la alegría del descubrimiento y los nervios de que alguien nos descubriera con, literalmente, las manos en la masa o en la torta. 
Entonces, mientras alguien hacía de campana, y otro se trepaba a la mesada para poder alcanzar el último estante de la alacena donde la habían guardado, nos robábamos alguna que otra tajada ya que no nos animábamos a comerla toda, por miedo supongo, al reto que podría venir después.
¡Travesuras de chicos digamos!

El deseo que por aquellos tiempo generaba esta torta surgía no solo porque era y es deliciosa sino porque, supongo que por el costo de sus 10 claras y porque había que pensar qué cocinar con las 10 yemas sobrantes, no aparecía tan seguido en el menú de esos días... 
Debo confesar que hoy tampoco la hago tan seguido por el mismo motivo: ¿que hacer con las 10 yemas sobrantes?

Esta es una típica torta americana. 
Blanca, blanquísima como resultado del batido de las claras con azúcar y un poco de harina. 
Pocos ingredientes estos, a los que se suman crémor tártaro, sal y esencia de vainilla.  
Su preparación requiere cariño y tiempo. No es receta para momentos de apuros o de muchas cosas a la vez. Es esencial el tiempo y el cuidado que se dispense en el agregado del azúcar y la harina con movimientos envolventes, al batido de claras, para asegurarnos que luego crezca en el horno aireada y esponjosa.



Como les decía,  de niña me encantaba rellena con abundante dulce de leche (siempre fui amante de este ingrediente!) y crema chantilly no solo en el relleno sino también para la cubierta. 

Con el paso del tiempo mis gustos han ido cambiando o mejor dicho ampliándose y en esta oportunidad hice una versión más fresca, atraída por el color de las frutillas y los arándanos que rebozan en las verdulerías.
 




La masa de esta torta si bien es esponjosa es seca por lo cual hay que ser, sea cual fuere el relleno, generosos. 
Recomiendo cortarla al medio, colocar una abundante capa de crema batida, la fruta y por último una nueva capa de crema batida. 


Lista para llevar a la mesa, puede ser una buena opción como postre o para la hora del té. En esta oportunidad la preparé como postre para celebrar el día de la madre en familia.



Receta
Ingredientes: 
10 claras 
100 grs. harina 
200 grs. azúcar 
1 pizca de sal
1 cucharada de te de cremor tártaro 
1 cucharada de té de esencia de vainilla 

Preparación:
Precalentar el horno a 170º. 
Tamizar la harina 4 veces y reservar.

Batir las claras junto con la sal y el cremor tártaro hasta que las claras hayan montado y se formen picos blandos. 
Sin dejar de batir agregar el azúcar de 2 cucharadas a la vez. Mezclando bien entre cada vez. 
Incorporar la esencia de vainilla y seguir batiendo. 
Incorporar la harina de 2 cucharadas a la vez y mezclar con movimientos envolventes con cucharada de madera o espátula. Repetir con el resto de la harina hasta terminar. 
Colocar en un molde con hueco en el medio (sin enharinar ni enmantecar) 
Hornear por 30´sin abrir el horno. 
Luego de los 30´si la parte superior aparece ligeramente dorada y al tocarla se nota firme retirar del horno. De lo contrario dejar por 5´más. 
Retirar del horno. Dejar descansar por 15´y luego desmoldar. 
Rellenar a gusto
 

Hasta pronto!

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