Toro777

13.1.15



Lindísimo. Delicioso. Agradable. Mucha onda. Paz. Disfrute. Sorpresa. Ansiedad. Asombro. Calidez. 
Todas estas palabras transmiten lo que me produjo, la espera por ir y el disfrute, en Toro777 con mis adorables amigas del Club del Libro.

Hacia tiempo que en el facebook de una queridísima amiga veía los menúes semanales de este restaurante de puertas cerradas propiedad de un amigo suyo. Siempre pensaba que no faltaría oportunidad para conocerlo y no faltó. ¡Finalmente llegó el día! 
¿El motivo? El último encuentro del año de mi imperdible Club del Libro. 

Llegamos puntuales a las 21:30 hs. como nos esperaban. Previamente el mismo día, nos habían enviado la dirección exacta de lugar.  Porque, uno sabe de antemano la zona, pero las coordenadas llegan, tal vez por razones de seguridad, ese mismo día. 
No vamos a decir que estábamos nerviosas, sino más bien intrigadas, ya que ninguna de nosotras había probado esto de ir a comer a la casa de alguien que, simplemente, no conoces. Porque, pensado al revés sería algo así como invitar a un desconocido a comer a tu casa ¿no? 

Una puerta como tantas otras de Buenos Aires, sin ningún tipo de cartel, se abrió con solo tocar el timbre.
Y como si de un grupo de amigos que llegaba se tratara, Guillermo su chef y propietario, nos recibió y enseguida hizo que nos sintiéramos como en casa.

El lugar tiene un menú ya diseñado de 5 pasos que cambia mes a mes y la experiencia, si el tiempo acompaña, empieza en la inolvidable terraza para continuar luego, con los 4 pasos restantes en el interior. 



Para llegar a la terraza uno pasa por la cocina, que bien merece un stop en algún momento de la noche para encontrar los mil y un detalles de decoración perdidos en la luz tenue con que está iluminada. 


La terraza, ubicada en el primer piso de este PH, es tema aparte. Con solo llegar supimos que no íbamos a querer movernos de ahí. 
La noche no podía ser mejor, casi 30ºC y un cielo estrellado como pocas veces ví en Buenos Aires. Los árboles de la calle, frondosos, eran parte del todo. Macetas repletas de plantas, flores, hierbas aromáticas, tomates, olivos. Luz tenue por acá y por allá. 
Por momentos uno creía olvidar que estaba en pleno Buenos Aires. 
Una mesa amplia, como la de cualquier living, y cómodos sillones rescatados seguramente de la casa de alguna abuela o tía abuela, solo invitaban a sentarse para no levantarnos nunca más. 
Así como nosotras, fueron llegando otros comensales para comenzar a disfrutar de la experiencia puertas adentro. 



Una croqueta de mejillones en salsa brava acompañado por un fresquísimo y coloradísimo Martini abrió la noche. 
Después, tranquilos y sin apuro, fuimos todos pasando al interior para continuar con la experiencia y el disfrute no solo de la noche y la compañía, sino también del menú y los cuatros pasos restantes.  
En dos de los ambientes de la casa están organizadas las mesas que en su capacidad máxima permiten recibir unos 14 comensales. Simple, uno puede seguir encontrando miles de detalles en su decoración. 
Pero sigamos con el menú: 

Entrada fría: Terrina de paté de morcillas, cebollas, manzanas verdes y crema de apio 


Entrada caliente: Sopa de guisantes y maní tostado al aceto


Plato principal: Entraña macerada en hierbas, migas de ajo, puré de zanahoria y chutney de repollo 


Todo esto acompañado por Alta Vista Premiun Malbec, La Julia Wines y  
Alta Vista Premiun Cabernet Sauvignon en ese orden.
De todas formas y si lo deseas hay una sugerencia de vinos para maridar con el menú con un precio fijo.

Imperdible la canasta de panes & compañía para untar: grisines caserísimos y crocantes, y panes más caseros aún de sabores que pocas veces uno suele encontrar. 



Christian, a cargo del servicio está atento a todos los detalles. Cambio correcto de cubiertos entre plato y plato, más pan calentito sin haberlo pedido. Recomendación adecuada de vinos. Charla amena. 
Guillermo, a cargo de la cocina encuentra entre tanto trabajo, el tiempo suficiente para acercarse a cada mesa y explicar sus creaciones en persona. Todo en su punto justo, a la temperatura adecuada. Simplemente delicioso. 

El postre, Trilogía de flanes y sus acompañantes, lo disfrutamos en la terraza. En vos baja, como le habíamos prometido a Christian, para no despertar al vecino que suele quejarse si escucha muchas (supongo que por celos) conversaciones o risas desde la terraza! 


La terraza invita a quedarse sentado horas y horas o mejor dicho a soñar, en mi caso, con una terraza propia como esa. 
Así como todo llega a su fin, llegó la cuenta y el momento de partir... 


¡FELICITACIONES! Así en mayúsculas es lo que puedo decir. 
Seguramente volveré! y de más está decirlo que lo divulgaré entre amigos y conocidos... simplemente vale la pena! 

¿Te animás a ir? Te dejo una pista: 



Toro777
Se requiere reserva previa
Solo viernes y sábados. Hacen eventos privados
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