Pastafrola con dulce casero de membrillos

25.4.15


Me creerían si les digo que nunca había cocinado una pastafrola?
¡Crease o no es la pura verdad!

Por eso, cuando una vez más se cumplió el ritual que hace ya algunos años y que casi como quien no quiere la cosa llevamos adelante con mi "La" Fraguas, decidí no dejar pasar la oportunidad y preparar este clásico tan nuestro.



El ritual del que hablo lleva, como les contaba, algunos años.

Todos los veranos ella pasa algunos días, sino semanas, en su casa familiar de El Rodeo, Catamarca y donde cada enero preparan una buena producción de dulce casero de membrillos, con la fruta que sacan de su propio jardín.

Yo ya en enero empiezo a averiguar cuando harán el dulce... Digamos que de alguna forma, confesión mediante, empiezo a estar más presente que nunca para que me tengan en cuenta. ¡No sea cosa que puedan olvidarse de incluirme en la lista de distribución!
Pero por suerte no hay o no hubo hasta ahora olvido alguno!

Y después de cada verano me hago con una cajita con mi ración de dulce casero (más una adicional que sigue viaje hacia la casa de mi madre) que trato de estirar para que dure... como cuando éramos chicos y comíamos un chocolate.

En mi caso los ya desaparecidos Suchard. Recuerdo que los mordía de a poco, como saboreando cada uno de esos cuatro bloques unos largos minutos, porque sabía que cuando se terminaran no habría más... por un tiempo. Y acá pasa un poco lo mismo.


Alguien, y a pesar de la distancia, siempre viaja para estos lados con el encargue bajo el brazo y la indicación de entregarme la bandeja de dulce de membrillo en cuestión.
Y de acá para allá parte el mismo mensajero, siempre y cuando sea posible, con lo que en ese verano pero a más de 1.000 kilómetros de distancia hayamos preparado en la cocina de mi madre: chutney de esto y aquello o el ya tradicional dulce de ciruelas.

Me encantan estas tradiciones o rituales que casi sin querer se repiten año a año, como tantas otras que van haciendo parte de la vida de uno casi sin quererlo. Y que por la escasez con la que se repiten, cuando lo hacen tienen un encanto especial que las hace únicas, capaces de transportar las mismas emociones y sensaciones a pesar del paso del tiempo.

En casa son varias, como el chocolate del 25 de mayo o el "postre largo" alguna noche de invierno en la que papá no está a cenar (no porque no lo querramos incluir sino porque definitivamente no le gusta). Siempre pido, también una vez al año el budín de riñones, o están los alfajores de maizena que suelo preparar cuando viajo a Catamarca para compartir entre mate y charla con mi querida amiga....

Que felicidad cuando se repiten estos rituales, simples y llenos de sentimientos , anécdotas y recuerdos!


Pero volviendo a la pastafrola. Recetas encontrarán muchas, pero para mí no hay como la receta del envase de maizena!
Fácil y rápida. ¿Que más se le puede pedir a una pastafrola?

Simplemente: dulce de membrillo casero!

Receta

Ingredientes

  • 1 cucharadita de polvo de hornear
  • 60 grs de maizena
  • 240 grs de harina leudante
  • 160 grs de azúcar
  • 3 yemas
  • 150 grs. de manteca
  • 350 grs de dulce de membrillo
  • 1 yema para pintar

Preparación

  1. Colocar en la procesadora el polvo de hornear con la maizena y la harina previamente tamizados. Agregar el azúcar, las yemas y la manteca a punto pomada. Integrar. Dejar descansar la masa en la heladera por 30´.
  2. En una cacerola colocar el dulce de membrillo en trozos con 1 cucharada de agua o vino dulce. Disolverlo hasta formar una crema.
  3. Reservar 1/4 parte de la masa. Estirar la restante y forrar un molde previamente enmantecado y enharinado. Rellenar con el dulce y cubrir con un enrejado preparado con la masa reservada previamente.
  4. Pintar con la yema batida y cocinar en horno moderado por 30´

Gracias Fraguas por acordarte de mi cada enero!
Nos vemos pronto!
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