Arroz con leche con dulce de leche casero

29.2.16

Arroz con leche me quiero casar
Con una señorita de San Nicolás
Que sepa tejer, que sepa bordar
Que sepa abrir la puerta para ir a jugar







Cada vez que como arroz con leche viajo en el tiempo, a mi infancia, en el medio de la pampa húmeda y si es con dulce de leche casero, como explicarlo… las emociones  y los recuerdos salen a flor de piel y algún que otro lagrimón también.
Cuando con mi hermano éramos chicos, el arroz con leche aparecía en la mesa familiar con frecuencia casi diaria y la olla donde se hacia el dulce de leche estaba sobre la hornalla más de una vez a la semana y para nosotros, bella niñez de entonces, era el dulce más preciado.

¡Lo comíamos con voracidad y a cucharadas del frasco mismo!  
Dice mi madre que el pote duraba no más de dos días y entonces la olla iba nuevamente a parar a la hornalla.

En esos tiempos la leche llegaba recién ordeñada, espesa, humeante del mismo campo donde vivíamos.

Nos mudamos al pueblo. No hubo más vacas lecheras en el campo. Cosas de la modernidad. Desconozco el motivo. El tema es que más a o menos a la edad de 10 años, el dulce de leche dejó de ser casero para venir directo de la góndola del supermercado, hasta hoy, que decidí conectarme con el sabor más fuerte de mi  infancia.  
Una infancia feliz, en medio del campo, sin horarios, sin límites, en la inmensidad misma de una planicie que se extendía hasta el infinito y que considerábamos nuestro jardín.
¡Lo mejor era el verano! Días eternos que pasaban lento y  cargados de programas. 
Días en los que no existía el Wi-Fi, ni el internet, mucho menos la señal satelique? ni la TV por cable. 
Solo contábamos, siempre y cuando no hubiese viento, ni tormenta, ni mucho sol, ni hiciera mucho calor ni mucho frío, con la señal de Canal 5 de Rosario y sus repetidoras.Tengo la imagen grabada en la retina del ojo cuando todos, sentados en el living, estábamos a los gritos con papá que manejaba la antena desde afuera diciéndole: ahí se ve, ahora no, para-para que ahí sí.... hasta que finalmente cansada me iba a dormir. 
Pero hablábamos de recuerdos... 
Recuerdo el verano en que decidimos que queríamos construir una escuela y empezamos a acarrear ladrillos, que en algún lugar habíamos visto, hasta el lugar donde estaría la edificación. Llegamos solo a la tercera o cuarta línea de ladrillos apilados, pero para nosotros eso era la escuela!

Recuerdo también los paseos en sulky cargados de chicos, con un caballo mañero, que cada dos pasos decidía detenerse en un lado del camino dispuesto a no avanzar. Entonces entre todos bajábamos del sulky para que estuviese más liviano y como podíamos volvíamos a poner al caballo, sulky incluido,  en el medio del camino para reanudar la marcha.
Y así la historia se repetía cada pocos metros hasta que, cansados, decidíamos hacer el picnic mucho más cerca de lo que habíamos planeado.
Después entendí porqué era  ese caballo y no otro el que ensillaban: ¡para que no fuéramos lejos!

Horas jugando en lo que dimos en llamar el Bosque de Caperucita Roja y tardes haciendo que manejábamos los autos antiguos guardados en un galpón al que accedíamos cuando alguien dejaba la puerta abierta. ¡Cuantas veces soñamos con encontrar la llave y salir andando!

También estaban las excursiones, con Don Pistilli a la cabeza, a cazar peludos que luego su esposa, Regina, convertía en escabeches que, por una cuestión de edad, nunca llegué a comer.





Pero lo mejor era los días en que Regina preparaba el dulce de leche. Una olla inmensa, en una cocina más inmensa aún. Los preparativos empezaban a la mañana: leche con azúcar y bicarbonato de sodio a fuego lento, muy lento. Cocción que se detenía al mediodía para la sagrada siesta de verano y que se retomaba por la tarde.
Para cuando se paraba la cocción, el dulce de leche ya había adquirido su color y la consistencia era de salsa, ni tan líquida ni tan espesa y la temperatura ni fría ni caliente: tibia. ¿Qué decirles? Simplemente que moríamos por el dulce de leche en ese estado.
Casi levitando, cerrando puertas con sigilo, entrábamos en la cocina y en un jarrito, que siempre estaba a un lado de las hornallas y donde Regina iba probando la consistencia de este manjar, poníamos todo el dulce de leche posible y salíamos a sentarnos a la sombra de algún árbol a saborear ese tesoro…
Había después que devolver el jarrito, que intentábamos dejar en el mismo lugar donde lo habíamos encontrado, aunque a estas alturas no se si nos preocupábamos tanto o nos dábamos cuenta de esos detalles.
Recuerdo a Regina, conocedora por supuesto ya de lo ocurrido, a su regreso de la siesta haciendo comentarios sobre el nivel del dulce de leche y con cara de "preocupada" por el faltante... Mientras nosotros con ojos pícaros nos mirábamos de reojo sabíendonos cómplices y camaradas  en el secreto, esperando que llegara una nueva ocasión donde poder volver a “engañar” a nuestra querida Regina y seguir comiendo dulce de leche. 
 

Hoy después de 30 años, salí en busca de quien tenga leche de campo recién ordeñada. Volví a poner la olla al fuego, la misma que mi madre usaba cuando éra una niña. 
Como cuando era chica busqué un jarrito con el que probarlo a la hora de la siesta, sentada a la sombra de un árbol y saborearlo como quien toma un vaso de leche. Volví a comerlo a cucharadas del frasco una vez que estuvo listo. Y volví a hacer arroz con leche con dulce de leche!
Esta es mi historia con el dulce de leche y el arroz con leche. Hoy después de 30 años volví a saborear ese gusto inolvidable... único y se me piantó un lagrimón.

Tuve la dicha de abrir la puerta millones de veces para ir a jugar. 
Sé tejer pero no bordar 
Soy una señorita pero no de San Nicolás... 
No sé si me quiero casar... y Usted? 
Pero sí quiero comer arroz con leche con dulce de leche!

Les comparto las recetas...de familia por cierto...

Arroz con leche 

Ingredientes 

  • 2 lts. de leche 
  • 150 grs. de azúcar
  • Piel de 1 limón
  • 100 grs. arroz doble Carolina

Preparación 

  1. En una olla hervir la leche con el azúcar. 
  2. Cuando rompa el hervor agregar el arroz y la piel de limón. 
  3. Cocinar revolviendo de tanto en tanto hasta que el arroz esté tierno y la preparación cremosa. 


Dulce de leche 

Ingredientes 

  • 4 lts. de leche 
  • 800 grs. de azúcar 
  • 1 cucharada de bicarbonato de sodio

Preparación 

  1. Hervir la leche. Cuando rompa el hervor retirarla del fuego. 
  2. Agregar el azúcar y el bicarbonato de sodio 
  3. Llevar a fuego bajo hasta que tome color y consistencia. Aproximadamente 5 hs. 
  4. Dejar enfriar y guardar en frascos esterilizados preferentemente en la heladera ya que no tiene conservantes
Espero que como yo puedan traer de la memoria los sabores de la infancia y recrearlos nuevamente!
Hasta pronto!


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4 comentarios:

  1. Que lindo, que emocionante leer tu historia detras de tus fotos un placer Ale. Yo me solamente me anime a la leche condensada hirviendo... intentare hacer el casero, incomparable sabor!

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    1. Mica, con 4 lts. me salieron 600 grs. Buen jueves!

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  2. Gracias Mica linda!!!! Tus comentarios son siempre un placer!!! Animate con el dulce de leche... nunca más querras compras uno comprado por más rico que sea. Yo nunca me animé al de leche condensada, me da miedo!!

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    1. Si Ale, este año tengo que hacerlo. Con la proporción de 4lts, cuántos gramos te salieron? Yo hice en el blog el dulce de leche casero de leche condensada, riquísimo y solo es hervir, después chusmialo!

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Me encantaría poder leer tus comentarios.....

© ALMA CALMA Maira Gall.