Clásicos I: El Globo

16.9.16


He decidido que algunas de mis próximas salidas gastronómicas, al menos por un tiempo, no responderan a modas ni tendencias de mercado como así tampoco a recomendaciones de revistas "in" del momento. 
He decidido dejar de lado rankings, presentaciones minimalistas, o personajes con libros o programas de televisión. 

Hoy he decidido volver a redescubrir aquellos restaurantes a los que alguna vez mis padres me llevaron cuando veníamos de paseo a Buenos Aires, principalmente en las vacaciones de invierno, con paso obligado por la Rural de Palermo. 
Quiero volver a abrir las puertas de esos "clásicos" que han sabido mantenerse estoicos ante el devenir de modas y modismos.
Porque... ¿no me digan que no es para aplaudirlos de pie?
Fuertes como un roble resistieron vaivenes económicos, tendencias gastronómicas y hasta mudanzas en algunos casos. Vieron pasar presidentes varios (muchos más de los que yo puedo recordar!). Dejaron de lado, sin importarles, modas y críticas gastronómicas y sin embargo ahí están. Estoicos.
Con sus cartas extensas que, en la mayoría de los casos, no pasarían el más mínimo análisis de presupuesto. Acá no hay sistema Fidelio para ordenar comandas y no saben de cocina minimalista ni de la promoción por redes sociales.
Acá la promoción es de boca en boca. Fama adquirida. Derecho de piso pagado allá lejos y hace tiempo.

He decidido empezar este viaje gastronómico en el tiempo con El Globo, el único restaurante al que no supe ir de chica, pero que siempre pensaba que algún día tenía que ir. ¿Y que mejor que hacerlo un domingo de pleno invierno para probar su famoso puchero aunque, como es mi caso, el puchero no estuvo ni está dentro de mis platos favoritos?


Allá partimos reserva mediante, con uno de mis primos en un frío casi helado domingo de julio como parte de los festejos del Bicentenario de la Independencia, para llegar puntuales a nuestra cita de las 13 hs. 
Con solo entrar e indicación mediante enfilamos rumbo al señor que, en una esquina del mostrador como amo y señor del lugar, llevaba las reservas.
Un caballero que, creo adivinar, debe haber pasado gran parte de su vida en este lugar como el resto del personal.
Dimos apellido y acto seguido el señor en cuestión se dispuso a buscar la reserva en su sistema: una cantidad infernalmente desordenada de papelitos de aproximadamente 10x10 en el que cada uno contenía un apellido distinto!
En ese momento debo admitirlo pensé: andá a saber donde está la nuestra...y encima que, con nuestro apellido, aunque simple si los hay nunca lo escriben bien...!
Pero en menos de lo que canta un gallo y al grito de "Arce" (cuyo nombre de pila después supimos era Domingo) fuimos escoltados hasta la mesa que nos había sido reservada, diferenciada de las no reservadas por la botella de vino que lucía sobresaliente sobre ella. Y yo que estaba acostumbrada al cartel de reservado....



Aún sabiendo para lo que habíamos ido a El Globo, no podíamos dejar de mirar la carta. Que más que carta es casi la expresión misma del listado alfabético de un libro de cocina!
Las hojas se suceden en una lista interminable de fiambres, picadas, especialidades de la casa, pescados, parrilla, cocina internacional, pastas, sopas y la infaltable lista de postres.
Me tomé el trabajo de contarlos, un total de (escuchen bien!!!) 175 opciones, entre platos y guarniciones.
Por suerte la elección del vino se vio simplificada. Una lista mucho más reducida que nos hizo volver a viajar en el tiempo a aquellos clásicos de ayer y siempre, cuando el vino era vino y no se hablaba de cepas, años de cosecha y la vedette era pedirte, símbolo de status si los había, un San Felipe!

El puchero llegó simple pero contundente a la mesa previa canasta con pan tibio y manteca con sal. Creo que si me hubiesen traído un poco de roquefort hubiese derramado una lágrima de nostalgia!




Acá no hay música funcional de fondo ni reglas de protocolo. El bullicio es constante y va adquiriendo volumen a medida que el salón se empieza a llenar. Gente del barrio, clientes de toda la vida, familias.


Y algún que otro turista que le imprime un poco de ese no sé que difícil de explicar. Aunque no faltó en la comodidad y sencillez de los comensales que mi mirada se fuera a los tacos de esta señorita... un poco mucho tal vez para un mediodía de domingo?


La carta de postres no sabe tampoco de síntesis. Y las opciones se suceden unas a otras. Simples pero estoicas, ocupando renglones por cada opción. Y así en lo que en un restaurante de hoy habría una línea para helado acá hay por ejemplo 5 ya que hay helado mixto, helado de chocolate, helado de limón, helado de dulce de leche y helado de frutilla. La síntesis no es el fuerte! Como tampoco el minimalismo de las porciones! Y aunque esta no fue nuestra elección entenderán a lo que me refiero!


Nos decidimos por el panqueque a la italiana con helado. De las opciones más caras del menú buena fue nuestra desilusión cuando el mozo nos dijo que cuando el salón está lleno no hacen panqueques.... ya que llevan mucho trabajo y no sacan postres calientes. CHAN!
Ni siquiera, escucha bien lo que te voy a decir, la salsa de chocolate para el Charlotte que pedí... Y yo que recuerdo con nostalgia como mi padre le pedía y le exigía al mozo cada vez que pedía charlotte que el chocolate estuviese BIEN caliente...
No faltó el flan mixto, abundante en crema y dulce de leche. El café lo dejamos para otra ocasión, porque quieran o no ya nos acostumbramos al sabor del Nespresso en casa o donde sea que salimos!


No creo que vuelva. Pero en este viaje en el tiempo y en los clásicos de ayer y siempre no podía faltar una vuelta en El Globo.
Nos despedimos de Domingo y agradecimos su atención.
Nos abrigamos y volvimos a salir a la calle. Al volver a cruzar la puerta de entrada viajamos del pasado, al presente de cada uno, con un solo paso. Eso sí, el futuro ya llegó a El Globo: tienen Wi-Fi!


Restaurante El Globo
Avda. Hipólito Yrigoyen 1198
Tel: 4381-3926
Guía Oleo
Lunes a Viernes: de 12:00 a 15:00 hs y de 20:00 a 00:00 hs






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1 comentario:

  1. Gracias, gracias, gracias por rescatar esos lugares tradicionales que son parte de la historia de Bs As y de la gente.
    Las modas aburren y pasan, un puchero de esos abrigan el alma.

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© ALMA CALMA Maira Gall.