Brasserie Petanque

3.10.16


Llegamos a Brasserie Petanque un domingo de septiembre, tal vez el domingo más inesperado de mi vida, mientras caminábamos, abstraídos en el tiempo y en el espacio, por San Telmo. 

Para mi, Brasserie Petanque siempre estuvo ahí y tengo registro de sus existencia desde que allá lejos y hace tiempo supe estudiar hotelería justo en la vereda de enfrente. 
Fui varias veces. La primera, siempre lo recuerdo, un caluroso día de diciembre con Emilio a la cabeza y toda la troupe del Sofitel para festejar los logros del año en cuestión, para volver después varias veces aunque no tantas como me hubiese gustado. 

Defensa y México. México y Defensa. ¡Cómo más te guste! ¿Total que importa?
Lo que importa es que esa esquina de San Telmo no puede pasar desapercibida aún teniendo en cuenta la cantidad de locales como yo, y turistas como él, que circulaban por la calle ese domingo de feria. 
Llegar a esa esquina es viajar en el tiempo para  llegar a cualquier esquina parisina sin siquiera haber pasado por Ezeiza.
Mesas en la vereda mirando hacia la calle como viendo la vida pasar...
Toldos de color. Carteles colgantes anunciando un menú francés, francesísimo hasta la médula! 
Y una Tour Eiffel que me recordó a la que durante años, y ahora no sé donde estará, hubo en casa de mis abuelos... 


Oh lala... París, la France... l´amour.... 

Nos miramos. 
Me miró. Lo miré. 
Me dijo: conoces este lugar? Ni lenta ni perezosa lo puse al tanto sobre la fama de Brasseire Petanque y con solo volver a mirarnos nos dimos cuenta que la decisión había sido tomada. 
Almorzaríamos en Petanque!



Petanque (deporte en el que la meta es lanzar bolas metálicas tan cerca como sea posible de una pequeña bola de madera, lanzada anteriormente por un jugador con ambos pies en el suelo) es una brasserie con todo el espíritu francés del que un restaurante de este tipo pueda preciarse. 

Menúes y música francesa.
Dueño suizo, casi francés, del cantón del Jura. Gente que entiende cuando habla de comida... francesa por supuesto. 
Cocina típica. Aire entre nostálgico, kitsch y bohemio... descontracturado diría yo. 
Mozos amables, atentos. 
Barra donde "acodarse" como a mí me gusta. Lástima que para el momento en que llegamos ya estaba ocupada. 
Ambiente relajado, cálido, de cantina tana o taverna española pero con todo el glamour y el encanto francés! 




Una vez más, turistas, gente del barrio, de la ciudad.
Jóvenes y no tanto.
Grupos de lo más variopintos por decirlo de alguna forma.
Parejas de años y otras que estoy segura estaban rindiéndole tributo a la incipiente primavera... 






Platos del día que con solo leerlos no hacían otra cosa sino tentarme a comer todos los días de la semana en Petanque. ¿Quien puediese?



Buscamos una mesa tranquila, cómoda. Cerca de la barra pero con cierta privacidad para hablar todo lo que tuviésemos que hablar. 

El, como todo caballero que se precie de tal, se hizo cargo del vino. 
Blanco me dijo, para acompañar un almuerzo de primavera, de mañana fresca y mediodía cálido. Y así la elección recayó sobre un San Pedro de Yacochuya Torrontés. 
Mientras entre los dos elegíamos la entrada y el plato principal llegaron sendas copitas de Kir Royal y una panera rebozante de panes tibios y recién horneados en la que los laureles se los llevaba el brioche! 




Del menú, selección difícil si las hubo, optamos por:

Entrada: para compartir desde el centro de la mesa:
  • Paté en croute maison

Principales:
  • Salmón fresco a la miel con puré de habas, milhojas de papas y crocante de puerros
  • Conejo a la mostaza de Dijon

Postre: como con la entrada, para compartir desde el centro de la mesa, aunque creo que en algún momento saqué ventaja... y de más está decir que si mal no recuerdo la elección corrió por mi cuenta... es que ya lo he dicho los dulces me pueden!
  • Sabayón de café con chantilly 

Nuestra alma de gordos no dejó de seguir con la mirada los platos que iban a las mesas vecinas, mientras saboreamos preparaciones en su punto justo. Rebozantes de sabor y aromas. 
Y mientras esto sucedía hicimos lista mental y consensuada de los platos para la próxima visita a Petanque: caracoles, sopa de cebolla obviamente, ostras (impresionantes en tamaño según pudimos ver en la mesa de al lado), caracoles, magret de pato...
En fin... creo que deberemos volver más de una vez...

Los motivos sobran. Buena comida, buen ambiente, buena relación precio-calidad y buena compañía.
Y como si esto fuera poco puedo decirles que Brasserie Petanque tiene Alma.


Brasserie Petanque
Defensa 596 - CABA
Tel: 4342-7930
Martes a Domingos de 12:30 a 15:30 y de 20:30 a 00:00 hs
Guía Oleo
TripAdvisor

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2 comentarios:

  1. Nunca fui de día! de noche tiene también mucha onda y realmente es como viajar a Francia sin avión de por medio!

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    1. Vero es que Petanque siempre tiene muuucha onda no???! De noche también me encanta... pero ya sabés que las fotos salen mejor de día! Beso!!!!

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© ALMA CALMA Maira Gall.