Catamarca y su fábrica de alfombras

30.7.18


Hoy salimos de paseo! Hoy los llevo a conocer una de las maravillas de esta provincia, Catamarca, mi nuevo hogar! 
Un hogar en el que intento descubrir todo lo que tiene para mostrar una provincia dormida, casi escondida y con un sinfin de riquezas desconocidas y que, desde mi humilde lugar de inmigrante en mi propio país, he decidido contar y difundir a los cuatros vientos. Porque cada vez que digo que vivo en esta ciudad y en esta provincia la gente me pregunta: pero que hay en Catamarca? Y como siempre respondo, hay más de lo que te puedas imaginar!



Esta riqueza de la que hoy les quiero hablar, podríamos decir que es una mas, aunque para mí es casi única, y se suma a la magnificencia de la vista hacia la inmensidad desde la Cuesta del Portezuelo, pasando por la estepa casi desierta de Fiambala, o los mil pueblitos que aletargados en un sueño y una quietud de otros tiempos están desperdigados aquí y allá. 


Y digo que esta riqueza en particular es casi única porque logra emocionarme cada vez que la visito, tal vez porque en ella ocurre algo especial: el contacto y diálogo sincero de quienes hacen que esta riqueza sea posible. El trabajo silencioso e incansable de años y de manos que, nudo a nudo e hilera a hilera, tejen mundos de colores y diseños. 
Un mundo que, cuando está listo para viajar a otros mundos, el tuyo o el mío, solo sabe que, en la mayoría de los casos, será pisado una y otra vez, hasta que los años desgasten su color y su trama. 

Este secreto (para mi y por error tan bien guardado) es la Fábrica Artesanal de Alfombras que desde 1954 funciona en la ciudad de Catamarca. 
Una fábrica de alfombras que tiene el orgullo de ser la única en nuestro país, formada casi en su totalidad por mujeres, catamarqueñas ellas, y donde el trabajo fruto de sus manos es comparable con el realizado allá lejos, del otro lado del océano, por otras manos igualmente de habilidosas, las turcas y las persas.
Una fábrica de alfombras donde el puesto, orgullo en sí mismo, era parte de la herencia entre mujeres de una misma familia. 


Por todo esto y mucho más es que la emoción me invade cada vez que cruzo su puerta y es visita obligada cada vez que a mi casa llegan visitas. 
Me emociona ver la agilidad de esas manos que atan nudos y ciñen tejidos, al mismo tiempo que combinan colores. Manos habilidosas que saben de cansancio y espaldas que con el tiempo pasan factura de días, semanas y años en posición encorvada.

Y de la emoción paso al orgullo, de saber que este país no deja de sorprendernos desde el anonimato del trabajo honesto, responsable y sincero de estas mujeres, orgullosas del lugar que ocupan y de lo que hacen.  

Todo el proceso, milenaria técnica oriental de la factura de alfombras y tapices que consiste en ir anudando y recortando el hilo de lana de oveja sobre una urdimbre de hilo de algón, se lleva acabo en el lugar.
Acá solo se habla de nudos, y nudos por metro cuadrado. Los números por momentos asustan, al menos a mi, pero hay alfombras de 90.000 nudos por metro cuadrado y otras cifras que me parecen descomunales.



La lana utilizada en el tejido, de oveja Lincoln y Criolla, llega desde Santa María, Catamarca, ya teñida y en madejas para ser ovillada dentro de la misma fábrica, junto con el urdido 100% algodón.
Tanto el urdido como la lana, son stockeados y salen a pedido en las cantidades correspondientes para cada nuevo diseño. Un grupo de mujeres, una de ellas con algo así como 30 años de trabajo en el lugar, llevan adelante esta tarea.



Mientras tanto los diseños se suceden unos a otros, bajo la mirada y el control atento de su dibujante, de los pocos hombres que trabajan en esta fábrica, y responsable de que cada cuadrícula de su dibujo sea interpretado por las tejedoras como un punto. 
Cada cuadricula un punto y así, a la habilidad de las manos, se suma la necesidad de una buena vista,  que pueda leer el dibujo como quien lee las notas en un pentagrama. 


El diseño, standar o a pedido pasa, ya coloreado en acuarelas a las manos de las tejedoras, quienes, dependiendo del tamaño y complejidad del diseño pueden tardar hasta más de un año, trabajando de lunes a viernes, en tejer una alfombra. 






Junto con el diseño, cada tejedora recibe la urdimbre y los ovillos de lana de los colores a utilizar y que uno suele ver colgados de cada telar.
Son los hombres los encargados de armar el urdido para cada trabajo ya que la fuerza empleada por ellos permite que quede lo suficientemente tenso como es necesario.

Entonces la tejedora entra en acción. Los nudos, hasta completar cada hilera, se suceden uno a uno. Y al terminar cada hilera se cambian los nudos por la tijera, una especial que, con una graduación preestablecida, irá cortando los sobrantes de lana para dar a cada alfombra la altura o espesor necesario.


Y así, entre nudos, hileras y tijeras, las alfombras van tomando forma y se van enrollando en el mismo telar para que el trabajo mantenga a la tejedoras siempre sentadas y trabajando a una misma altura.

Una vez terminadas, las alfombras se lavan a mano (la fábrica tiene su propio lavadero de alfombras) y se secan al sol y es el clima, como me dijo Claudia, quien determina el tiempo de secado.
Una vez seca, la alfombra pasa por un nuevo recorte para sacar cualquier hebra de lana que haya quedado por encima de la altura indicada para la alfombra.
Y así la alfombra llega nuevamente a la fábrica, para un último recorte, el que le imprimirá relieve y realzará formas y colores.



Después el exhibidor es su destino temporario, hasta que llegue a su destino final, tu casa, la mía o la de todo aquel que de sentido al trabajo artesanal como lo son las alfombras catamarqueñas.
Por eso te digo que si algún día llegas a estos pagos no dejes de visitarlas. Ellas te están esperando, orgullosas de su trabajo para exhibirlo y contarlo, como conmigo lo han hecho ya en infinitas ocasiones. El orgullo se palpita en cada palabra y el amor por el trabajo realizado se percibe en el ambiente.

Mientras, yo sueño con encargar, algún día, mi propia alfombra catamarqueña, para tener así un pedazo de la riqueza de esta tierra en mi pequeño mundo propio, mi casa, y bajo mis pies, para contar entonces a quien llegue de visita que esta alfombra está hecha por las manos más habilidosas de esta provincia!

Y si de soñar hablamos, sueño y anhelo que el trabajo de estas mujeres se vuelva famoso, tanto que sus manos tengan que tejer más rápido o dar trabajo a otras manos.
Sueño con que sus nudos conozcan otros paisajes, otros límites, otros mundos.

Dicen que soñar no cuesta nada... y por eso ya que estamos sueño con que esta fábrica de alfombras  y quienes la hacen a diario, logren alcanzar el lugar que tan merecido tienen!


Nota: las alfombras de la Fábrica de Alfombras de Catamarca están a la venta en la Casa de Catamarca en Buenos Aires (Avda. Córdoba 2080) o en el Predio Ferial, Catamarca de lunes a viernes de 7 a 13 hs.


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8 comentarios:

  1. Pintando con hilos....bellísimas !!!!!

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    1. Asi es, nunca mejor descripción!

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  2. Gracias por mostrarlo!! Amo los tejidos en todas sus formas.
    Admirable el trabajo de estas mujeres

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    1. Realmente admirable! No exagero al decir que me emociona ver lo que hacen y como lo hacen!

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  3. Gracias por divulgar nuestro tesoro artesanal y sobre todo por destacar el humilde y valioso trabajo de las Tejedora.

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    1. Si uno supiera el trabajo que lleva hacer una alfombra nunca sería suficiente lo que uno paga.

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  4. Muy bueno gracias por difundir nuestras culturas

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    1. Nada más lindo que difundir el trabajo de manos habilidosas, trabajadoras y creativas! Gracias por pasar por acá!

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Me encantaría poder leer tus comentarios.....

© ALMA CALMA Maira Gall.